Sobre un subgénero de la ciencia-ficción
por Juan José Farías
Definición del término
El steampunk es reconocido como un subgénero de la ciencia-ficción emparentado con otros dos: el cyberpunk y la ucronía, aunque veremos que es mucho más que eso.

Magnífica serie de ilustraciones de Eric Poulton sobre personajes de Star Wars en versión steampunk. En este caso, Han Solo y Chewie. Clic en la imagen para ir a su blog.
Con respecto a las ucronías, diremos solamente que se trata de explorar las posibilidades de que un hecho histórico se produzca de distinta manera, generando un “presente alternativo” al que todos conocemos. Por ejemplo, un postulado para una ucronía (bastante común, por cierto) es el siguiente: “¿Como sería el presente suponiendo que las potencias del Eje hubieran ganado la segunda guerra mundial, en vez de Los Aliados?” En el caso específico del steampunk, el supuesto que da lugar a la ucronía es tal vez poco práctico, pero no por eso menos interesante: “¿Cómo sería el presente si en vez de basar nuestra tecnología en la electrónica y posteriormente en la informática, hubiésemos continuado utilizando el vapor y las máquinas calculadoras mecánicas?”.
La palabra steampunk deriva de “steam” (“vapor”, en inglés) y “punk”, un movimiento social y artístico surgido a mediados de los 70 y que, aún no alcanzo a comprender por qué, suele usarse para “apellidar” a todo aquello que implique protesta o cambio social, como el propio Cyberpunk. El término fue acuñado a finales de 1980, cuando el escritor K. W. Jeter buscaba describir sus trabajos, junto a los de Tim Powers y James Blaylock.
El tópico común a todas estas obras es que se desarrollaban en plena Era Victoriana.

Lord Vader en versión steampunk, por Eric Poulton.
Y es que las raíces del steampunk están en las obras de Julio Verne, Herbert George Wells y aún Arthur Conan Doyle o Mary Shelley. Claro, a diferencia de Jeter, Powers y compañía, Verne, Wells y los demás no sabían que estaban escribiendo steampunk: escribían pura especulación científica, proyectando al futuro la tecnología de su época, sólo que el verdadero avance científico se dio en otra dirección, convirtiendo su ideario tecnológico y social en un “camino alternativo” que nunca tomamos.
Escribiendo entre el humo del vapor
Pero definir a la narrativa steampunk como un subgénero de la ciencia ficción depende de un concepto, cuanto menos, elástico. Esto se debe a que los autores de esta corriente, la mayoría de las veces, no se limitan a ambientar sus historias en un presente alternativo en el que la tecnología avanzó en una dirección completamente distinta, creando una especie de “siglo XXI a carbón”, sino que a menudo se permiten incluir ingredientes más propios de la fantasía, como la magia y las criaturas fantásticas.
Así, en una obra fundacional del género, como Las puertas de Anubis[1], de Tim Powers, se mezclan los viajes en el tiempo, personajes históricos reales de la Inglaterra del siglo XIX, el Romanticismo, la civilización y religión egipcias, la magia y la licantropía.
Otro tanto ocurre en La trilogía de la materia oscura, de Philip Pullman, compuesta por las novelas Luces del norte[2], La daga[3] y El catalejo lacado[4], la primera de las cuales fuera llevada al cine con el título de La brújula dorada[5]. En este caso, la acción se sitúa en un universo paralelo, en el cual las “almas” de las personas (llamadas daimonions) tienen formas animales visibles e inteligentes. Las novelas tocan temas relativos a la metafísica, la física cuántica, la filosofía y sobre todo, la religión (que no sale muy bien parada de la contienda), pero el universo descripto tiene más de mágico que de científico.
Otro ejemplo es Homúnculo[6], de James P Blaylock, que trata sobre un diminuto extraterrestre que cae en la Tierra a fines del siglo XIX, siendo capturado y confinado dentro de una caja. El alienígena se ve privado de su nave espacial y es obligado a dar información a su captor acerca de cómo revivir a los muertos y otras cuestiones “técnicas” similares.

La Estrella de la Muerte a vapor, por Eric Poulton
No pretendo con estos “botones de muestra” desacreditar las obras citadas (mal haría, no habiéndolas leído) o desterrarlas entre abucheos del sagrado sitial de la ciencia ficción. Sólo quiero recordar que las fronteras entre ciencia ficción y fantasía son móviles e inestables y advertir al lector que el steampunk es un género multiabarcativo, dentro y fuera de la literatura.
Lo que me lleva al siguiente punto.
Mas allá de las letras
En el cine, amén de la mencionada La brújula dorada, el steampunk también ha dejado su huella.
Quizá la abanderada de las steamovies sea Steamboy[7], largometraje de animación producido por Katsuhiro Ōtomo que narra las aventuras de James Ray Steam (Jēmusu Rei Suchimu) y su lucha contra la Fundación O’Hara, la hija de cuyo dueño es nada más y nada menos que Scarlet O’Hara (Sukāretto Ohara Sentojōnzu). En la cinta abundan los aparatos impulsados a vapor, el principal de los cuales es “La Esfera de Vapor”, un artefacto metálico que contiene una gran cantidad de energía gracias a una fuente pura de vapor.

Harley Davidson a palanca.
Pero también podemos incluir dentro del género a películas como Jim West[8] y su inagotable parafernalia de “gadgets” tecnológicos del siglo XIX, incluyendo máquinas voladoras, acorazados y la genial araña gigante del final.
También La liga extraordinaria[9] (basada en el cómic homónimo) abunda en tecnología que, si bien no siempre es impulsada a vapor, es clásica del steampunk. La ciudad de los niños perdidos[10] y Rocketeer[11], por su parte, hacen uso a su manera de la aparatología steam. Incluso Brazil[12], de Terry Gilliam, con sus computadoras con teclado de máquina de escribir y pantallas de tubo de rayos catódicos, puede encausarse dentro del género.
Y es que, más allá del argumento y la situación histórica, existe lo que podríamos definir como una estética steampunk, permitiendo la paradoja de que el uso del vapor no sea imprescindible para definir a una obra como “de temática steampunk”.
La belleza de lo no-funcional
El steampunk inspira novelas, películas y cómics, pero también dibujos, maquetas y moddings de PC. Por extraño que nos parezca hay en Internet ilustraciones de estética steampunk (que ilustran este texto) y maquetas de máquinas que nunca funcionarían pero cuya belleza intrínseca es innegable. Hay computadoras cuyo aspecto externo se ha modificado para darle un look “retro” que las vuelve innegablemente steam, o juegos de video (como Arcanum: of Steamworks and Magick Obscura, Syberia o Space: 1889) ambientados en universos steampunk, con autómatas que funcionan a cuerda y extrañas mezclas de magia y tecnología a vapor.
En resumen… el steampunk es un subgénero de la ciencia ficción que tiene un altísimo porcentaje de fantasía, es un género literario y fílmico que va mas allá de los libros y las películas, es una estética, un punto de vista, casi una filosofía. En estos tiempos en que el canon de la tecnología parece parafrasear a Keats diciendo “La funcionalidad es belleza y la belleza debe ser funcional”, una máquina steampunk alza su brazo mecánico, hace girar sus aceitados engranajes y con el claro silbido del vapor dice: Soy poco práctica, soy la pesadilla de un ingeniero, soy belleza.
Literatura, Filmografía y Parafernalia (extraído de Wikipedia)
Libros
- Homúnculo, James P. Blaylock. Ultramar 1990
- Airborn, Kenneth Oppel (que ha sido calificada como “steampunk sky opera”).
- La estación de la calle Perdido, China Miéville. La Factoría de Ideas, 2001.
- Las puertas de Anubis, Tim Powers. Martinez Roca, 1988. Gilgamesh, 2002.
- Steel Empire – Caar.H.Schitch
- La trilogía La materia oscura, Philip Pullman. Ediciones B.
- La máquina diferencial, William Gibson y Bruce Sterling. La Factoría de Ideas 2006.
- La segunda enciclopedia de Tlön, Sergio Meier Frei. Editorial Puerto de Escape, 2007.
- La trilogía Steampunk, Paul di Filippo. Grupo Editorial AJEC, 2008
- La corte del aire, Stephen Hunt. Ediciones Oniro, 2008
Películas
- La brújula dorada – año 2007.
- Rocketeer (película) – año 1991
- La ciudad de los niños perdidos – año 1995
- Jim West – año 1999
- La liga extraordinaria (película) – año 2003
- Sky Captain y el mundo del mañana – año 2004
- Steamboy – año 2004, de Katsuhiro Otomo
- El castillo ambulante (animación) 2004
- Van Helsing (película y comic)
- Brazil (película) – año 1985
Cortometrajes
- The Mysterious Geographic Explorations of Jasper Morello
- A Gentleman’s Duel
Series de animación
- Sherlock Holmes
- Trigun
- Last Exile
- Nadia, el misterio de la piedra azul
- Samurai 7
- D.Gray-man
- Full Metal Alchemist
Videojuegos
- Arcanum: of Steamworks and Magick Obscura
- Dungeon Siege
- Algunos Final Fantasy, como Final Fantasy VI
- Saga Myst
- Rise of Legends
- Space: 1889
- Transartica
- Steel Empire
- Lost Odyssey
- Syberia
- TimeShift
- ESPGaluda
- Bioshock
Cómic
- La ciudad de los muertos (de Francis Porcel)
- The League of Extraordinary Gentlemen
- SteamPunk
- Steamboy (de Katsuhiro Otomo)
- Van Helsing
Juegos de Rol
- Castle Falkenstein
- GURPS Steampunk
- Iron Kingdoms
- OGL Steampunk
- Space: 1889
- Victoriana
- Weird West
- Uchronia
- Deadlands
- Planescape
[1] The Anubis Gates, 1983, ganadora de los premios Philip K. Dick Award en 1983 y Science Fiction Chronicle Award en 1984. Publicada en español por Gilgamesh.
[2] Northern Lights, 1995
[3] The Subtle Knife, 1997
[4] The Amber Spyglass, 2000
[5] The golden compass, 2007
[6] Homunculus, 1986, ganadora del premio Philip K. Dick Award en 1987
[7] Suchîmubôi, 2004.
[8] Wild, Wild, West, 1999
[9] The League of Extraordinary Gentlemen, 2003
[10] La Cité des Enfants Perdus, 1995.
[11] The Rocketeer, 1991
[12] Brazil, 1985.

Arnie Kott, Miembro Honorario Supremo del Consejo de Trabajadores del Agua, detenta el poder de Lewistown, la sede de éste, uno de los primeros sindicatos del planeta Marte. Jack Bohlen es un técnico que trabaja para la compañía de reparaciones del señor Yee, y sus servicios son indispensables en este precario nuevo mundo. El administrador de la única empresa de alimentos naturales del desierto y contrabandista, Norbert Steiner, es el padre de Manfred, un niño autista.
Pero el autor no concede mucho espacio a describirlos, porque no se trata de una temática del primer contacto. Prefiere utilizar este marco para desarrollar una idea fascinante (aparentemente, de trasfondo racionalista) sobre la posible naturaleza de la locura. En el antiguo santuario de los indígenas, Manfred puede vislumbrar mejor el futuro, porque allí el influjo del espacio-tiempo es más débil; así, la cosmovisión indígena tal vez guarde inesperados lazos con la psiquis del chico, razón por la cual todavía puede tener alguna esperanza.







